El cielo estaba completamente negro por la tormenta, los autos circulaban con las luces encendidas, como si fuera de noche... Mágicamente un rayo de sol iluminó solo la capilla y el cerro Uritorco, coronado de punta a punta por el arco iris... Un momento inolvidable, que la cámara no logró captar en toda su magnitud. Dentro de la capilla un cura carismático, sin nosotros saberlo, realizaba una imposición de manos a los que concurrían. Nunca hice algo así, pero me puse en la fila, con los creyentes, para saber que se sentía... Cuando llegó mi turno, cerré los ojos y me dejé llevar... Me ayudaron a incorporarme del suelo diez minutos después... Sentí un fuego en el corazón que me hacía llorar de congoja y de emoción.
Tags: Claudia
2012-02-04T15:11:34.000Z Relacionados: